A partir del año 2000, con el proyecto Enciclomedia, el Gobierno Federal de México buscó darle un impulso definitivo a la penetración de la tecnología como herramienta del proceso de enseñanza y aprendizaje, principalmente entre la población estudiantil de nivel básico. Este esfuerzo dio como resultado una adopción masiva de tecnología en escuelas primarias, dando a las escuelas públicas una computadora, un pizarrón electrónico y un proyector, con el fin de complementar los programas educativos. Sin embargo, esta iniciativa resultó insuficiente por la poca infraestructura de telecomunicaciones en el marco de la brecha digital.

Otra iniciativa fue Habilidades Digitales para Todos (HDT), la cual vino a reemplazar a Enciclomedia pero, a diferencia de este programa en donde sólo se tenían contenidos digitalizados de libros de texto, el HDT buscó que los equipos tuvieran acceso a internet y a otros recursos multimedia, estableciendo una diferencia significativa.

Actualmente se utiliza el Programa de Inclusión y Alfabetización Digital (PIAD) que realiza esfuerzos en torno a la adopción de la tecnología para mejorar el aprendizaje. Como sus antecesores, busca fortalecer el sistema educativo mediante la entrega de dispositivos personales, promoviendo la reducción de la brecha digital y el uso de las TIC en el proceso enseñanza-aprendizaje, además de fomentar la interacción entre alumnos, docentes y padres de familia, y fortalecer el aprendizaje de los alumnos de las escuelas públicas, a fin de reducir el rezago educativo. En particular, este programa contempla el uso de tabletas aprovechando la conectividad a internet.

Todos estos proyectos han sufrido diversas modificaciones de acuerdo con las necesidades de los programas educativos y las particularidades de cada zona demográfica del país; sin embargo, aún no ha sido suficiente para abatir los rezagos del país.

 

¿Por qué se habla de brecha digital?

La brecha digital es un término que se acuñó en la primera reunión de la Cumbre Mundial para la Sociedad de la Información llevada a cabo en diciembre de 2003 en Ginebra (Suiza), con el objetivo de indicar la desigualdad en el acceso a las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) entre países y regiones de un mismo país.

En 2007, México ocupaba el lugar 28 de 30 dentro de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), con los precios más altos para internet de banda ancha.

 

No todo es tecnología

El tema del presupuesto asignado a la compra y adquisición de tecnología no ha sido un obstáculo para dotar de esta infraestructura a una gran parte de las escuelas públicas del país. Sin embargo, ante los recortes anunciados por el gobierno federal para el próximo año, habría una amenaza para continuar con la implementación de este importante proyecto.

Pero no todo es tecnología: un análisis de la Universidad de Berkeley sobre el programa de Habilidades Digitales para Todos (HDT) advierte la falta de capacitación de los profesores en el uso de los equipos de cómputo. La institución detectó que los problemas técnicos y de conectividad a la red entorpecieron la impartición de clases en el aula telemática de “forma regular”, aun cuando en éstas hay una laptop por cada alumno, una PC para el maestro, proyector, pizarrón interactivo, impresora y conexión a internet.

El estudio se aplicó en 10 escuelas seleccionadas de una muestra de 200, que forman parte de la fase experimental de HDT. En esta etapa, la mayoría de los docentes desconocía el software de HDT y, por tanto, no lo utilizaron para dar sus clases. El informe concluye que para la comunidad educativa no hay continuidad en la capacitación y falta asistencia técnica permanente; además, no se aprecia un cambio rotundo en el manejo de la práctica pedagógica, según comentaron los docentes que participaron en el estudio.

Bajo este contexto, como analistas de esta industria no tenemos reparo alguno en recomendar el uso de PCs o incluso tabletas, celulares y workstations para apoyar el proceso de enseñanza-aprendizaje, aunque el tema medular para abatir los rezagos está en manos de quienes dirigen el uso de la tecnología en las aulas y diseñan los contenidos para el mejor aprovechamiento de los educandos.

 

La herramienta vista como complemento

De acuerdo con algunos expertos, lo que en las universidades se vislumbró a principios de los años noventa como una herramienta poderosa para acelerar el aprendizaje, al paso de los años se ha convertido en un pretexto para dejar de tomar apuntes, buscar respuestas rápidas en internet y utilizar los dispositivos para chatear o jugar en lugar de tomar notas. Los alumnos empezaron a copiar todo de internet en detrimento de su aprendizaje: tareas, respuestas de ejercicios, prácticas de laboratorio, etc. Ante esta situación, algunos profesores han optado por regresar al sistema tradicional de toma de apuntes, sin el uso de PCs, tabletas o celulares en el aula, haciendo todo “a mano”. En efecto, la tecnología puede ser una herramienta poderosa, pero si no se aplica correctamente puede afectar el rendimiento académico.

En el ámbito de la educación básica como primaria y secundaria, el uso de equipos de cómputo les provee de una herramienta para presentar sus tareas y navegar por internet, pero no es la panacea. Países como Corea del Sur han adoptado el uso de tecnologías de la información desde hace tiempo en su sistema educativo; sin embargo, éstas sólo son un complemento de un sistema complejo que incluye largas jornadas escolares, docentes altamente capacitados y un promedio de casi 7% del Producto Interno Bruto destinado a la educación.

El éxito del uso de la tecnología en la educación en México está estrechamente ligado con la correcta implementación de la reforma educativa que abona por una profesionalización absoluta de los profesores, quienes son los que difunden los contenidos y la forma de mejorar el aprovechamiento que tendrán éstos en beneficio de los alumnos. En este sentido es un acierto del gobierno federal –en aras de mejorar la calidad de la educación– hacer de los profesores el eje central de la política pública.

Algunos estudios serios a nivel internacional concluyen que los elementos comunes entre los mejores sistemas educativos del mundo se centran en la aptitud, la efectividad y la calidad de los educadores, y no en el gasto en tecnología por alumno.

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