Twitter está cambiando la lógica de la comunicación en el mundo. ¿Qué elementos le están dando poder nuevamente? ¿Qué espacios de comunicación llena? No se trata de hablar aquí de los mensajes ni de los debates que suscitan los tuits de Donald Trump, sino tratar de entender por qué tenemos que considerar más el impacto de sus tuits que los contenidos de otros medios, y por qué el presidente mexicano debe responder por este mismo canal, en lugar de la vía diplomática.

Vayamos por explicaciones para comprender el poder actual de Twitter:

  1. Esta plataforma tecnológica construye redes y difunde en redes. Siguiendo esta idea, aquellos que estemos inmersos en ellas somos los que potencialmente “leeremos” estos contenidos. El punto es que las “redes políticas” creadas por los políticos en turno (ya sea @BarackObama con 84.2 millones de seguidores, @realDonaldTrump con 24 millones o @EPN con 6.2 millones de seguidores) muestran el impacto directo de sus mensajes a través de esta plataforma. En otras palabras, hay políticos que han alimentado su red en Twitter a través de sus mensajes, su popularidad y sus historias, mientras que existen otros políticos que han olvidado o menospreciado la importancia de las redes sociales por orgullo o por desconocimiento, pero que reciben su impacto. Twitter tendrá el poder que le damos sus seguidores.
  1. Twitter ha llenado el vacío comunicacional que paulatinamente están dejando los medios tradicionales. Este movimiento tecnológico de informarse a través de las redes sociales en lugar de la radio, la televisión y la prensa escrita ha generado un desplazamiento de la opinión pública hacia el espacio virtual. Es entonces más creíble leer el tuit de un amigo o un familiar, que la nota de un medio de comunicación. Los casos de #eljusticierodelaMarquesa y del #gasolinazo así parecen demostrarlo.
  1. Las Tecnologías de la Información y la Comunicación han transformado la velocidad de la información y han hecho igualitario su acceso. Hoy en día, se entera del mismo dato el político que el ciudadano de a pie en el instante en que sucede. La inmediatez de la información y la horizontalidad de la misma provoca que los comportamientos políticos y las decisiones se tomen en tiempo real. Por ello, la actividad política también se ha visto forzada a moverse hacia la opinión pública digital.

Finalmente, la esfera de la opinión pública y la construcción del espacio público donde se debaten las ideas políticas y las posturas ideológicas (y se pondera la credibilidad de los actores políticos) se alteran todos los días y cambian con la misma velocidad que los tuits. Estamos a un tuit de distancia del ascenso o la caída de un acuerdo, de una carrera política o una aspiración presidencial. ¿Es esto ventaja o desventaja?

Para muchos políticos, su mayor sueño era tener contacto directo con sus electores sin pasar por los medios de comunicación tradicionales, que pueden desvirtuar su mensaje. Twitter lo hace realidad. No sólo eso, sino que garantiza que la información llegue en el menor tiempo posible y de la manera en que el político desea: sin censura. Pero, al mismo tiempo, se convierte en un arma de dos filos. El desgaste político se acelera y la construcción de narrativas que podrían controlarse se debilita, ya que hay muchas ideas sueltas, algunas sin orden aparente, que caen en un caos y desinformación, lo cual genera mayor incertidumbre que claridad.

En suma, es preciso dimensionar y ubicar el poder que tiene Twitter con justeza. Trump seguirá cometiendo errores impulsivos, pero tiene que ajustarse a la política, a las reglas de la diplomacia internacional, que por algo existen y que no se pueden rebasar en 140 caracteres.

Si bien es cierto que un tuit ha hecho caer el peso y subir la bolsa, también lo es que estos movimientos son “flor de un día” y terminan ubicando la realidad en su punto exacto. Las redes sociales han adquirido el poder que les damos, pero más importante aún es el poder de la palabra escrita que sigue haciendo temblar al mundo.

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El poder político de Twitter
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Sobre El Autor

Es Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma del Estado de México y Miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel 2. También dirige NovaGobLab para México. Estudió la Maestría en Administración con especialidad en Mercadotecnia y el Doctorado en Administración especializado en Sistemas de Información (ITESM). Recientemente ha publicado en coautoría el libro Avances y Retos del Gobierno Electrónico en México.

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