A partir de distintos eventos en las semanas pasadas he visto mucho desánimo incluso en aquellos que se veían más estables respecto al momento que estamos viviendo en el país; desde la política hasta el futbol, todo huele a corrupción. Algo pasa en México y el mundo que parece que somos víctimas de una confabulación maligna o estamos siendo castigados por nuestros pecados ¡Qué culpa estaremos pagando! Piensa la gente.

Antes de echar a volar la imaginación respecto al origen de esta “desgracia”, vale la pena citar, al menos de forma mínima, distintos aspectos en torno al fenómeno de la corrupción para entender, desde una posición menos emocional, en realidad qué es lo que está pasando.

El concepto

De acuerdo con el Profesor Kiltgaard de la Universidad de Harvard la corrupción es, en su sentido más simple, el abuso de un cargo con fines personales[1]. De manera tradicional se asociaba sólo con el ámbito público, pero hoy está bien definido que corresponde también al ámbito privado.

El caldo de cultivo

Existen al menos 4 elementos que propician la corrupción y, si bien por sí mismos no la constituyen, juntos generan el ambiente adecuado para su ejercicio.

Intereses. Existen muchos tipos de intereses: el prestigio, la fama, la influencia, el poder, el sexo, la comodidad etc. No obstante existe un interés por excelencia: el dinero. Respecto a este último hay poco que decir para legitimar su grado de relevancia, pero pensemos en lo tentador que será tener injerencia sobre alguna parte de los más de 2 billones de pesos del gasto programable del gobierno federal[2] o de los más de 2 mil millones de dólares generados por la FIFA en 2014, por citar dos casos totalmente diferentes.

Instituciones débiles. Entendiéndose por instituciones las “reglas del juego”. Estas suelen ser formales o informales. Respecto a las primeras, su debilidad puede venir: de su ausencia, su anquilosamiento (reglas que no evolucionan con las necesidades actuales) y de su poco nivel de éxito respecto al entorno al que aplican (aquellas que son tan complejas o sin las condiciones para su cumplimiento que nacen destinadas enfrentar la ilegalidad).

Las reglas informales constituyen todos estos parámetros de actuación que nos rigen aún sin estar escritos. Estos suelen ser más fuertes que las reglas formales en algunos casos; entre éstas existen algunas corruptas bien conocidas, como el otorgamiento del diezmo por concesiones de gobierno o la famosa “mordida” al agente de tránsito.

Centralización de poder. Se representa por las posibilidades con que cuentan los actores para tomar decisiones, esto es, cuando las decisiones pueden ser ejercidas de manera incuestionable por una persona o un grupo pequeño de ellas. El que otorga una concesión dentro del gobierno puede corromperse porque tiene la posibilidad de ejercer poder sobre ese ámbito, como también un árbitro puede hacerlo en su calidad de autoridad absoluta dentro del campo de juego. En palabra más simples, alguien se corrompe porque tiene la posibilidad de hacerlo.

Impunidad. Si a todo lo anterior, se le suma el hecho de que ante cualquier acto de corrupción se presupone la ausencia de toda responsabilidad o castigo, se crea el clima perfecto para la corrupción. Esto se vincula con los sistemas de incentivos, donde a mayor posibilidad de éxito y ganancia por determinado tipo de actuación, mayor será el número de actores que se sumen a este comportamiento. Si la corrupción tuviera algún tipo de consecuencia, por supuesto mejor formal, pero incluso informal, como el desprestigio o la exclusión social, la balanza del sistema de incentivos comenzaría a enderezarse.

Los actores

A pesar de contar con el ambiente propicio para la corrupción, no hay que perder de vista que la corrupción se ejerce, la corrupción existe porque alguien decide llevarla a cabo, existen corruptores y corrompidos, ambos son parte y responsables desde su situación del fenómeno de la corrupción.

En relación con los actores vale la pena observar la tendencia que éstos tengan al fenómeno de la corrupción, es decir cómo ven ellos la corrupción, qué lugar tiene la corrupción en su la escala de valores; cuando la corrupción forma parte del comportamiento de estos actores y la inclusión en su día a día es tolerable, estamos casi perdidos.

Dado lo anterior, conviene regresar a los planteamientos iniciales ¿somos víctimas de una confabulación maligna? ¿Estamos siendo castigados? No, estamos en el punto en el que hemos decidido estar, por un ambiente totalmente propicio a la corrupción pero también tomando decisiones en torno a ella; corruptores o corrompidos estamos formando parte del fenómeno y a pesar de que la mayoría tal vez podría estar dispuesta a criticar la corrupción valdría pensar, a partir de hoy qué haré cuando esté de frente ante la corrupción ¿desistiré de esa reforma perjudicial en términos sociales, de recibir la casa, el viaje, el depósito, la comida, el favor sexual, de impulsar ese proyecto público inviable? ¿Me negaré a pagar el diez por ciento y la mordida del agente de tránsito? ¿Asumiré el riesgo de negarme a ganar con trampa? La próxima vez que tengas una posibilidad ¿elegirás o no ejercer la corrupción?

La lección de Guatemala

Al igual que de manera colectiva nos desanima la corrupción, socializamos el hecho de que es imposible dejar de vivir con ella; sin embargo, es posible, Guatemala dio un ejemplo magnifico en ello. Podríamos citar decenas de aspectos que hagan ver lo diferentes que somos, pero sin duda tomarían ventaja las similitudes que tenemos.

El caso de Guatemala nos muestra cómo es posible debilitar el caldo de cultivo de la corrupción. A partir de este hecho, el sistema de incentivos ahí podría empezar a inclinarse a que la gente no sólo haga lo legal sino también lo ético. Los servidores públicos guatemaltecos pensarán: si pudieron hasta con el presidente qué no pasará conmigo?! Inhibiendo la intención de corromperse. Por el contrario, en México el ejemplo que prevalece son las acciones tendientes a la corrupción, nutridas por el hecho de que no pasa nada. El sistema de incentivos mexicano muestra a sus ciudadanos y funcionarios que hacer lo incorrecto aquí es el camino correcto…

[1] http://www.cepal.org/es/publicaciones/6144-la-corrupcion-y-la-impunidad-en-el-marco-del-desarrollo-en-america-latina-y-el

[2] Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados, con base en el PPEF 2015 y PEF 2015, SHCP.

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Sobre El Autor

Maestro en Políticas Públicas Comparadas por la FLACSO - México y en Gestión Pública por la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido servidor público, consultor independiente y conferencista por más de una década en temas de modernización administrativa, mejora de la gestión pública, buen gobierno, innovación, desarrollo organizacional y reorganización gubernamental, en el gobierno federal, entidades federativas y municipios de México, así como en España y Latinoamérica.